Prohibir el “espionaje” en Facebook?
Lo leo y no me lo creo. Ya me parece una utopía y algo inalcanzable e indemostrable lo que pretenden en Alemania (anunciaron una ley que prohibiría mirar los perfiles de las redes sociales de candidatos a puestos de trabajo) y ahora leo que la Agencia Española de Protección de Datos, no sólo lo aplaude, también quiere algo parecido aquí:
Protección de Datos pide prohibir el espionaje a empleados en Facebook
El original e inteligente argumento usado es (cito textualmente la noticia): como en una conversación telefónica, un ciudadano se expresa de distinta manera en un ámbito laboral que familiar o entre amigos. Eso es lo que marca la diferencia a la hora de garantizar su derecho a la intimidad.
Vayamos por partes:
1.- Si alguien NO TIENE configuradas opciones de privacidad en Facebook o en cualquier red social que impida que los usuarios que no son sus contactos visualicen la información colgada en la red, está dando a TODO lo que escribe y publica el carácter de público. Por tanto, es el propio usuario el que se pasa por el forro el derecho a la intimidad.
2.- Si un usuario tiene perfectamente configuradas sus opciones de privacidad pero resulta que añade como contacto a su jefe, superior, director (vamos, al que tiene la potestad de ponerle de patitas en la calle), está aceptando que ese contacto visualice, analice y utilice lo que escribe y publica. Es decir, está metiendo en ese ámbito familiar a su jefe, pasándose así por el forro el derecho a la intimidad.
“Espionaje” sería descubrir los datos de acceso del usuario, entrar en su perfil y leer mensajes, ver fotos y contenidos que el usuario tuviese como privados. Vamos, como abrir el correo ordinario de alguien (que eso ya es delito). Buscar el nombre de alguien en Google y acceder a su perfil público de Facebook o leer mensajes de uno de tus contactos de una red social, no es espionaje. Ni vulnera ningún derecho a la intimidad. Simplemente porque es el propio usuario quien nos da acceso a esos datos.
Papá Estado debería de ocuparse de otros problemas mucho más graves que existen en las redes sociales. Empezando por los perfiles y grupos de pedófilos. Esos sí que vulneran el derecho a la privacidad de los menores, cuando no vulneran alguna ley más grave. Y esos menores sí que no disponen de defensa alguna contra esa lacra.
La noticia que inspira este post aquí.
Algo del estilo:
Mídalo todo… se volverá ciego
Antes de que se inventara el reloj, el tiempo no formaba parte de la vida de la gente. Fue el descubrimiento de una máquina capaz de medir los minutos lo que hizo que los minutos existieran.
La frase la he extraído del libro Postpublicidad, de Daniel Solana. Aprovecho para recomendar encarecidamente su lectura ya que se extraen cosas que pueden ser útiles en muchos sectores y negocios, no sólo en el de la publicidad. Y para muestra, la parte del libro en la que habla de la pantometría.
Según explica el autor del libro, el término pantometría aparece en un libro del historiador Alfred Crosby en el que describe los cambios producidos en Europa desde la Baja Edad Media. Pues bien, en un momento de la Historia aparece la preocupación por medirlo todo. Y esa obsesión la seguimos arrastrando a día de hoy y la hemos llevado al extremo: si no podemos medir algo, no existe.
Esto nos lleva a la miseria cognitiva: con pocos datos evaluamos alguien o algo. Número de followers en Twitter o de fans en Facebook. Número de retweets en Twitter y me gusta en Facebook. Número de páginas vistas en la web. Tiempo medio de estancia en nuestro sitio. No necesitamos nada más. Datos. Facultades medibles. Y cuando se acaban esos argumentos de venta nos inventamos buscamos otras facultades que podamos medir. Hay herramientas para medir cuántas referencias en Internet de nuestra marca son positivas y cuántas negativas. Me pregunto cómo lo harán estas herramientas. ¿Son capaces de captar la ironía? ¿Y el sarcasmo? Incluso hay gente que da valor a un follower en Twitter (el precio parece estar situado en torno a los 2€). La utilidad de estas herramientas es nula. La utilidad de esos números es nula. Pero eso da igual. Pondrán esos datos en gráficos y presentaciones. Incluso llegarán a sacar un ROI. Y nos dirán que nuestro perfil en Twitter cuesta 6.000€ porque tenemos 300 seguidores. ¡Vaya tontería!
Lo realmente importante no lo podemos medir. Lo podemos percibir, pero no medir. Como dije en algún post anterior ¿acaso es usted capaz de dar precio al respeto, a la atención, al tiempo de una persona? Para mí, no tiene precio. Empecemos a tratar a las personas como lo que son: personas. Y no números en nuestro contador de followers que sirven para aumentar nuestro ego.
Algo del estilo:
Sin piar en el trabajo (II)
Hace un par de meses comentaba los resultados de una encuesta realizada en Estados Unidos que reflejaba que sólo el 10% de las empresas permitían el uso de las redes sociales a sus trabajadores sin límite.
Estos días estoy leyendo multitud de noticias y de hilos que hablan sobre la prohibición y limitaciones que algunas empresas de nuestro país están aplicando al uso y acceso a ciertos portales y servicios desde sus oficinas. El detonante resulta ser un estudio (otro más) que afirma que los trabajadores utilizan 40 minutos de su jornada laboral en estos servicios. Aunque el estudio no es nuevo (como podéis ver en el Confidencial, de esto ya se hablaba en noviembre de 2009) parece que es ahora cuando las empresas empiezan a tomar medidas al respecto.
Y es que, en un momento en el que lo que más se pone en duda es a productividad de los trabajadores y se buscan medidas y soluciones para mejorarla, me parece una acción normal y lógica.
Seamos sensatos: destinar casi el 10% del tiempo en asuntos personales no es precisamente la definición de productividad. ¿Qué diría un trabajador si al llegar la nómina a fin de mes le descontasen el 10% por haber dedicado ese tiempo a cotillear el Facebook?
Soy un defensor del uso de las redes sociales como herramienta de promoción y mejora de los procesos productivos, como mejora de la relación entre la empresa, clientes, proveedores, etc… Pero que un trabajador destine su tiempo de trabajo a mirar el álbum de fotos de sus primos, a leer y responder correos personales o a mirar el vídeo más votado del día en Youtube… eso no lo pienso defender. Y como las empresas no pueden dedicar recursos a vigilar en todo momento qué uso da cada trabajador al ancho de banda (porque ocupan ancho de banda de la empresa, por tanto recursos de la misma) veo muy lógico que se limite o impida el acceso a ciertos portales.
¿Qué opináis?
Algo del estilo:
Venga! Volvamos a los mismos errores!
Llevo tiempo diciéndolo: las empresas tienen ahora unos medios para llegar a sus clientes, usuarios, mercados potenciales (llamadlo como queráis) de una manera más transparente, más directa, más cercana… El problema es que tienen miedo a esto de entrar en la red, a ser transparentes, a recibir críticas y a responderlas. Pero hay que renovarse, hay que actualizarse y hay que aceptar que la relación consumidor-empresa o trabajador-empresa evoluciona igual que evolucionan todos los aspectos de nuestras vidas.
Por eso me chocan iniciativas como la que está llevando a cabo Twitter que leo en el blog de linkm.es:
twitter lanzan una cuenta mediante la que se comunican exclusivamente promociones
Fabuloso… Pero a ver: cuántas presentaciones de quieres-entrar-en-social-media-y-no-sabes-cómo empiezan con el típico: “la comunicación está cambiando, antes era unidireccional, ahora es bidireccional”?? Os responderé rápidamente: TODAS. Lanzar un tweet al mundo diciendo somos-los-mejores-y-tenemos-una-oferta-de-la-leche es lo que cualquier consultor con dos dedos de frente recomienda NO HACER. Es volver a los anuncios de la televisión: no se los cree nadie. Y no los ve nadie.
Enhorabuena a todos los que contraten este servicio: la misma estrategia les traerá los mismos errores.
Algo del estilo:
Citywalks, una nueva manera de conocer las ciudades
El pasado domingo a las 17:30 horas acudimos a un evento de Citywalks donde tuvimos la oportunidad de probar la audioguía de Barcelona Gótica. Nos citaron en el Museu Frederic Marès en el centro de la ciudad condal. Allí nos reunimos con Sergio Sáez, socio fundador y padre del proyecto, y el resto del equipo.
Tras la entrega de la audiguía y el mapa con el recorrido y las explicaciones oportunas, nos dieron total libertad para seguir la ruta por el Barrio Gótico.
¿Que en qué consiste? Pues ya lo podéis imaginar: el mapa que marca el recorrido también tiene unos puntos de interés en los que te paras y escuchas la correspondiente pista de la audioguía. Una breve explicación de dos minutos, muy bien elaborada y ambientada, que te permite descubrir detalles y hechos históricos de la ciudad así como curiosidades varias. Fueron más de dos horas de paseo por las calles del casco antiguo de Barcelona muy amenas e interesantes. ¡Una experiencia que os recomiendo a todos!
Aquí os dejo los enlaces de Citywalks a su página de Facebook y a su Twitter.







